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 LOS AÑOS DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

Tal vez si los insurgentes toman la capital cuando estaba desguarnecida después de su triunfo en Monte de las Cruces, se hubiera evitado mucha sangre y la lucha por la independencia hubiere sido corta; sin embargo, hay que tomar en cuenta que el mismo Hidalgo no tenía las ideas muy claras de cómo crear una nueva nación, porque aun apoyaban un gobierno con el depuesto Fernando VII.

Por eso una vez muerto Hidalgo continuó la lucha por el poder en las altas esferas de la todavía Nueva España, ante un gobierno débil e incierto que dependía de un país tomado por los franceses, se gestaba entre los grupos de peninsulares la posibilidad de crear su propio reino mexicano, siendo el electo virrey Félix Calleja uno de sus principales candidatos, apoyado por los soldados realistas como Agustín de Iturbide.

Del otro lado se hallaban los criollos, que en su mayoría apoyaban la rebelión buscando igualdad de oportunidades en el gobierno, de allí el grito de “muera mal gobierno”, que se refería en esencia a los peninsulares que controlaban el país; mestizos, indios y las demás castas también apoyaban el movimiento pues veían en él la posibilidad, al menos, de ser libres. 

Mientras tanto en España durante los años 1811 y 1812, se discutía un nuevo proyecto de constitución ante las Cortes de Cádiz, su objetivo principal consistía en incorporar a los ciudadanos comunes para apoyo del depuesto rey Fernando VII, dando entrada a la creación de una Cámara Baja para los representantes del pueblo, lo que producía también expectativas en las colonias todavía absolutistas.

A partir de 1812, cuando se habían enfriado un poco los ánimos  la respuesta pública era prácticamente nula hacia el gobierno de la Nueva España, mucha gente desconfiaba de todo cuanto sonara a Real y además, los criollos se aliaban a los documentos tal como se habían aprobado en la Constitución de las Cortes de Cádiz.

En estas se declaraban los derechos generales del ciudadano, entre los que  se encontraban la libertad de conciencia, de imprenta, la igualdad jurídica ante la ley, el derecho a la propiedad privada, la educación elemental, así como una serie de garantías penales y judiciales.

Durante esta época agitada, vale la pena mencionar a tres mujeres que tuvieron caminos diferentes en su lucha.

Gertrudis Bocanegra fue oriunda de Patzcuaro, Michoacán, ella participó como luchadora incansable en la insurgencia, durante el alzamiento de Hidalgo perdió a su esposo y a sus hijos, creó además una red de comunicación que transmitía correos y panfletos  clandestinos a través de los cuales alertaban,  exaltaban a los insurgentes e insultaban al gobierno, fue hecha prisionera, torturada, acusada de disolución social, rebeldía y otras cosas, por ello la ejecutaron en su tierra natal en 1817.

Leona Vicario pertenecía a un familia criolla acaudalada y puso a disposición de los insurgentes su fortuna, se enamoró del abogado Andrés Quintana Roo, al ser delatada fue enclaustrada en el convento de Belén de las Mochas. De allí la rescataron los insurgentes para casarse con Quintana Roo, en 1818 los exiliaron a España, pero regresó con su marido para formar parte importante en las decisiones del México independiente y murió hasta 1842. Sus restos con los de su esposo reposaron a la Columna de la Independencia y hoy vagan por la ciudad para los festejos.

María Ignacia Rodríguez, mejor conocida como la Güera Rodríguez, era criolla y también  puso su fortuna para la insurgencia, de ella recuerdan que era tan bella como inteligente. Se contaban  múltiples historias de sus romances, atribuyéndosele entre otros al Barón de Humboldt, Simón Bolívar y Tolsá, varias veces fue detenida y la acusaban hasta de bruja, pero por sus influencias libraba a la inquisición. Fue muy cercana a Iturbide, a quien convenció que pactara la paz y por eso algunos la consideran como verdadera artífice de la independencia de México.     

En la lucha por el poder, los mestizos, los indios y las demás castas no tenían mucha participación, más bien eran utilizados como guerrilleros, con la esperanza de lograr al menos su libertad, por eso en el interior del país continuaban las guerrillas, sobre todo en el sur donde se acumulaban los más pobres del virreinato.

José María Morelos y Pavón  nació en Valladolid, hoy Morelia, fue discípulo, admirador y seguidor de la causa de Miguel Hidalgo, quien se dice inclusive le ayudó para obtener una carta que lo identificara como criollo, ya que eso era requisito indispensable para participar en las elites insurgentes.

Hijo de un carpintero indígena, fue labrador, arriero y comerciante, cuentan que por un desengaño amoroso decidió abrazar la carrera eclesiástica, donde se cultivo en artes y lenguas, no obstante continuó como comerciante de ganado y tuvo varios hijos antes de unirse a Hidalgo en 1810, con la intención de ser capellán. 

Pero Hidalgo necesitaba ayuda para realizar alzamientos en los pueblos del sur y le encargó esa tarea a Morelos, quien logró su primer triunfo  en la batalla por Verladasco, cumpliendo después la consigna de tomar Acapulco y ocuparse del sur de la Nueva España.

A la muerte de Hidalgo, de 1811 hasta 1814, José María Morelos combatió en el sur contra el virrey Calleja, contándose entre sus múltiples batallas el famoso sitio de Cuautla, donde resistió por 72 días,  catapultándose como uno de los mejores estrategas y a la vez de los peores enemigos del régimen virreinal; cuentan que el mismo Napoleón comentó que con tres generales como Morelos podría conquistar Europa.

Morelos   tenía una pléyade de personajes que serían sobrevivientes hasta la independencia, gentes como Quinta Roo, Félix Fernández, Nicolás Bravo,  Vicente Guerrero, Ignacio María Bustamante, además de sus generales Mariano Matamoros y Hermenegildo Galeana, propagaban una verdadera visión de independencia, con ideas claras para constituir un nuevo país, donde existiera igualdad  de oportunidades para todas sus gentes, pero siempre de acuerdo a la Constitución de Cádiz.

Ya en Oaxaca Morelos había manifestado: “Ya no hay España pues la tomaron los franceses, ya no hay rey porque se fue a Francia y ya no existe y aunque estuviera, a un reino conquistado por Cortés le es licito reconquistarse y no obedecer al rey cuando es gravoso con sus leyes”.

Promovieron y llevaron a cabo el Primer Congreso Constituyente del Anáhuac, que con el tiempo se reconoce como la semilla de nuestras instituciones actuales y sus cuerpos legislativos. En este Congreso celebrado en Chilpancingo, hoy capital de Guerrero,  José María Morelos y Pavón presentó sus Sentimientos de la Nación en septiembre de 1813, escrito que fuera apoyado en su redacción por Bustamante.

Entre los 23 puntos que señalaba el documento, en el último anexo. Morelos solicitaba que el 16 de septiembre quedará como fecha para el inicio de la Independencia, en honor a su amigo y jefe muerto.

Fue aclamado por la multitud y recibió por unanimidad el título de Generalísimo el cual de inmediato rechazo. Los constituyentes deliberaron y le pidieron aceptarlo, además de nombrarlo Su Alteza Serenísima.  El les solicitó ser sólo conocido como un Siervo de la Nación, titulo con el que pasaría a la historia. 

El 22 de octubre de 1814 en Apatzingán, Michoacán, se aprobó la nueva Constitución,  esta no dejaría satisfecho del todo ni al mismo caudillo, ya que siguiendo los consejos de López Rayón, continuaban mencionando a Fernando VII, “para evitar problemas”. 

No obstante, este documento pasaría a la historia como simiente para la creación del futuro México independiente. Entre los primeros diputados se encontraban Carlos María Bustamante, José Manuel de Herrera, José Sotero Castañeda, Cornelio Ortiz de Zárate, Manuel de Aldrete, José María Ponce de León y Andrés Quintana Roo como presidente del Congreso, quienes declararon la independencia de América Septentrional, como el indicio de lo que sería el rompimiento del vínculo que existía con España.

Como primera ley de la nueva Constitución promulgaron a sugerencia de Morelos, la abolición de la esclavitud y la igualdad para todos, tratando de evitar que la lucha por el poder continuara polarizada entre criollos y peninsulares.

De Morelos y sus gentes, los juglares de la época narraban muchas hazañas, estas corrían en los panfletos que el mismo caudillo imprimía en una imprenta portátil que siempre llevaban,  por ejemplo: en el sitio de Oaxaca, en agradecimiento al triunfo, Feliz Fernández se cambió el nombre a Guadalupe Victoria, mote con el que llegaría a ser el primer presidente oficial de México.

Nicolás Bravo perdió a su padre en manos de los realistas y Morelos le autorizo ejecutar a 300 prisioneros, pero él los perdonó y se unieron a la lucha, con el tiempo estos ayudarían a Bravo a librar varias veces la muerte.

Durante el sitio de Cuautla narraron la famosa historia del niño artillero, quien con un disparo de cañón hizo huir a los realistas. Pero en Valladolid fue tomado prisionero Mariano Matamoros, uno de sus lugartenientes más brillantes, a pesar de ser sacerdote era un gran estratega militar y con Galeana, el caudillo los llamaba sus brazos. Por su libertad ofreció 200 prisioneros realistas pero la oferta fue rechazada y Matamoros fusilado, lo que con el retiro y muerte de Galeana constituyó un gran golpe para Morelos, quien exclamó: “¡he perdido mis brazos!”.

A mediados de 1814 Morelos envió por ayuda a EU, para ello Peter Bean se dirigió a Texas y luego a Nueva Orleans, esperaban que la rivalidad entre España y EU rindiera frutos y que estos le mandarían un contingente comandado por José Alvarez Toledo,  decidió entonces ir hacia Acapulco para esperar a los refuerzos.  

Los constituyentes estaban en Uruapan y además no se ponían de acuerdo, por eso Morelos prefirió dirigirse a la costa, pero fue tomado como prisionero por las fuerzas realistas de Calleja el 5 de noviembre de 1815 en Tesmalaca, hoy estado de Guerrero; Bravo logró escapar hacia Tehuacán con lo que quedaba del convoy.

A semejanza de Hidalgo, fue despojado de sus fueros sacerdotales y también excomulgado en público por la Inquisición. Finalmente Félix María Calleja firmó su sentencia de muerte y lo ejecutaron el 22 de diciembre de 1815, los restos del Siervo de la Nación descansaron en la Columna de independencia y hoy también andan de paseo por los festejos. 

Ese año de 1815 el virrey Félix María Calleja necesitaba más recursos pecuniarios para el “castigo y escarmiento de los inicuos perturbadores de la tranquilidad”.  El 14 de diciembre de 1815 hizo ver mediante Bando Real “la obligación de cualquier vasallo para concurrir con toda clase de sacrificios a la salvación del Estado y auxilio del gobierno”. 

En lugar de impuestos extraordinarios, instituyó las loterías forzosas para obtener el dinero que necesitaba. Estableció dos, una para la capital y otra para las provincias, con  ellas obligaba a la compra de billetes a todos los empleados del gobierno, la nobleza, el ejército y hasta al clero, para de esta manera recabar los fondos necesarios en su combate a la insurgencia.

Las disposiciones de las loterías forzosas se estrellaron contra las evasivas de participar de la mayor parte de los nobles y el clero, quedando solo los empleados como contribuyentes, por hallarse sujetos a sus pagadurías donde les descontaban de su salario el costo de los billetes.

Siguiendo el ejemplo de  Morelos, sus generales continuaron en la lucha, para 1816, según datos de esa época confusa,  había más de 30 mil hombres alzados en el país, todos ellos sin una cabeza definida.

Surgieron entonces una serie de líderes, entre quienes destacó en el año de 1817,  el general Francisco Xavier Mina. Inició sus luchas como guerrillero español contra los franceses, pero quedó muy decepcionado del rey Fernando VII. Fue contactado por entonces en Londres con  Servando Teresa de Mier, para organizar una expedición en pro de la Independencia de la Nueva España.

Se cree que esta expedición fue financiada por los ingleses, siempre enemigos de España,  15 de abril de 1817 desembarcó en Soto la Marina, se unió a Pedro Moreno de Jalisco y realizó su famosa “Proclama para los Americanos”, donde exponía sus ideas de independencia total. 

Por desgracia, sus mismos antecedentes como mercenario no lo ayudaban,  su lucha no prendió y duro muy poco, fue derrotado y hecho prisionero en el Rancho el Venadito, juzgado y fusilado el 11 de noviembre de 1817.   

Nicolás Bravo, fue otro de los generales  a las ordenes de Morelos, a quien acompaño durante las tomas de Acapulco y Oaxaca. A la muerte de Morelos, el general Bravo  logró escapar a Tehuacan  y  continuó peleando en el sur. En 1817 arrestó a Ignacio López Rayón, siguiendo la orden de la Junta de Xauxilla, porque este se negaba a obedecerla,  López Rayón había creado el primer gobierno provisional y aun continuaba apoyando a Fernando VII.

El 22 de diciembre de 1817 fue hecho prisionero por los realistas y condenado a muerte, pero logró convencer a sus captores con sus ideas y  abogaron por él. Es así como Nicolás Bravo fue perdonado y liberado en 1820, uniéndose al Plan de Iguala.

Para 1816 las intrigas en las elites por el poder terminaron con la carrera de Calleja, se decía que estaba ya dispuesto a erigirse como rey de México apoyado por los comandantes realistas, lo cual desato la desconfianza en España y se lo llevaron de regreso en 1818. Cuando arribó  lo recibieron entre vítores como héroe, para nunca regresar; allí continuo como Conde de Calderón, Gobernador de Cádiz, Capitán General de de Valencia, hasta su muerte en 1828.

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La guera María Ignacia Rodríguez

Artifice de la Independencia

 

3- LA INDEPENDENCIA DE MEXICO

“En Dolores se inicia la Independencia y en Córdoba se consuma, una abre y la otra cierra, una alienta y la otra ejecuta, una enciende la antorcha y la otra funde las cadenas de opresión, una principia con ideales y la otra los hace realidad, una empieza con una campana y la otra termina con una bala y una firma; una lucha y la otra consuma, son pues el alfa y la omega de nuestra Independencia” .

                                             José Basilio de Unanue y Lucas Rios Domínguez.

 

Las logias masónicas tienen distintas leyendas de origen, la logia de York  se inició en Inglaterra como Gran Logia de York, a su vez el rito escocés  comenzó en la logia de Kilwinning en Escocia en 1599.

La Logia Yorkina se instaló en EU con Washington, Franklin y los demás masones que lograron la independencia de las 13 colonias, las ideas de esta logia comulgaban con la creación de un Estado demócrata, liberal y antiespañol y fueron importadas por la mayoría de los insurgentes; Joel Poinsset introdujo estos pensamientos y  Vicente Guerrero sería presidente de esta logia apoyada por la embajada americana.

En tanto, la logia Escocesa pasaría a formar parte de la ideología conservadora, fundada por el médico de Juan O´Donoju estaba ligada aun a España, era de quienes preferían continuar con un Estado absolutista gobernado por reyes,  a partir de 1821 estas dos corrientes estarían confrontadas durante todo el siglo.   

Por esos días, además de Bravo,  habían surgido a la fama otros ilustres generales de Morelos como Félix Fernández, autollamado Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero,  quienes combatían con sus guerrillas al feroz comandante realista Agustín de Iturbide.

Vicente Guerrero proclamó  Plan de Iguala declarando la independencia de América Septentrional, dando la libertad a europeos, asiáticos, criollos, indios y todos los que en ella residían, el Plan constaba de 24 puntos respetando a las Cortes de Cádiz, siendo los primeros 5:

1 - La religión será católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna.

2 - La absoluta independencia de este reino.

3 - Gobierno monárquico templado por una Constitución al país.

4 - Fernando VII, y en sus casos los de su dinastía o de otra reinante serán los emperadores, para hallarnos con un monarca ya hecho y precaver los atentados funestos de la ambición.

5 - Habrá una junta interina y se reunirán Cortes que hagan efectivo este plan.

Agustín de Iturbide, el feroz enemigo de los insurgentes es tal vez uno de los mayores oportunistas de nuestra historia, se dice que aconsejado por la Güera Rodríguez, vio en el vacío de poder dejado por Calleja, la oportunidad de apoderarse del plan y surgir él como líder de la nueva América Septentrional independiente.  

Por ello decidió acatar el Plan y en lugar de atacar a Guerrero se le unió  en el famoso abrazo de Acatempan,  donde declararon juntos la Independencia. Después se reunió con su amigo Juan O´Donoju, comandante de las fuerzas realistas en Córdoba, Veracruz, para proponerle el final de la guerra

Los Tratados de Córdoba se firmaron el 24 de agosto de 1821, en éstos documentos Don Juan O´Donojú, Capitán General de las fuerzas realistas, nombrado último Virrey de la Nueva España el 3 de agosto de ese mismo año, con Agustín de Iturbide, como comandante del Ejército Trigarante, culminaron la lucha que por cerca de 11 años el pueblo de México había sostenido por su Independencia.

Nótese que ninguno de los dos era insurgente, más bien se trataba de un convenio entre los mismos realistas de la Logia Escocesa para apoderarse de México, aprovechando la debilidad de las partes en lucha.

Los Tratados de Córdoba proponían una extensión al Plan de Iguala decretado por Vicente Guerrero,  en sus 17 artículos se reconocía a La América Septentrional como un Imperio Independiente, con la Ciudad de México como su capital, ofreciéndole también la corona a Fernando VII rey de España y en caso de no presentarse, se le ofrecería a otro miembro de la familia Borbón y en última instancia a un mexicano.

 

De acuerdo al  Plan de Iguala se nombraría la junta de tres personas para elegir un Regente, esto abrió la puerta a Iturbide para ser  Regente y como dice el párrafo subrayado de los tratados de Córdoba, coronarse poco después como el Primer Emperador de México, porque Juan O´Donojú al sentir que se conservaba el reino para los príncipes españoles, optó por firmarlo.   

Una vez firmados, Juan O´Donojú se los envió a Francisco Novella, quien fungía como Jefe Político Superior provisional en ese momento, este rechazo la firma, pero en reunión del Congreso de Tacubaya el 13 de septiembre de 1821, se reconoció a Juan O´Donojú como el único y último Jefe Político Superior de la casi extinta Nueva España.

El 27 de septiembre de 1821 ingresó triunfal el Ejército Trigarante a la ciudad de México, llamado así por proteger a las tres garantías: verde Independencia, blanco Religión católica y rojo Unidad, que son los colores del primer lábaro patrio. En su desfile triunfal el flamante Ejercito Trigarante se desvió de su ruta para pasar por debajo del balcón de la Güera Rodríguez, como un homenaje a su amada de su comandante Agustín de Iturbide.

El 28 de septiembre se firmó el Acta de Independencia de México, donde se daba la total  separación del Imperio mexicano al de España, Juan O´Donojú falleció el 8 de octubre de ese mismo año.

Desde luego que las Cortes españolas no aceptarían el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, esto ya estaba previsto por Iturbide y el 18 de mayo de 1822 el Congreso Constituyente lo eligió como Primer Emperador de México.

Cuenta la historia que Agustín I se mandó a confeccionarse su traje de emperador en base a las estampitas de Napoleón, aceptando además mostrarse con el torso desnudo y una corona de laurel en la cabeza.

Joel Poinsset le propuso al nuevo emperador  la compra de Texas, Coahuila, la Alta California y Nuevo México. No obstante, ellos no apoyaban un nuevo emperador para México y menos con nexos españoles a la Logia Escocesa, por eso el embajador republicano se confabuló con el derrocado Congreso y mandaron a Santa Ana para combatir al emperador de México y hacerlo abdicar en 1823.

Lo desterraron, pero todavía él intentó regresar,  de nuevo desembarcó en Soto la Marina arguyendo que México se encontraba en peligro y dijo: “pongo mi espada al servicio de la Patria”. Solo que esta vez fue apresado y fusilado como un traidor, finalizando así el primer “imperio mexicano”, como corolario diremos que la familia Iturbide todavía se atribuye el derecho a gobernar el reino de México.

Con la Revolución del Plan de Casa Mata, el mismo Congreso declararía inexistentes tanto el Plan de Iguala como Los Tratados de Córdoba. Miguel Domínguez, aquel famoso Corregidor de Querétaro, esposo de Doña Josefa, fungiría con otros siete en un Supremo Poder Ejecutivo que gobernaría México entre 1823 y 1824, hasta la llegada de Guadalupe Victoria como primer presidente oficial, el 10 de octubre de 1824.

En 1824 se promulgó la nueva Constitución, esta tuvo una gran influencia de EU, comenzando por el nombre de Estados Unidos Mexicanos, además de los artículos aprobados muy semejantes a los norteamericanos, como una marcada influencia de Poinsset y los yorkinos, que habrían de participar de manera intermitente con los liberales mexicanos.      

Es esta la historia de nuestra independencia, donde ganaron los mismos que defendían la realeza y murieron tanto los líderes como los miles que esperaban ser independientes, como un recuerdo dejemos las palabras de Hidalgo cuando dijo a Ignacio Allende que quienes inician estas gestas nunca ven el final.  

Finalmente y como si fuera ayer, todo terminó con convenios en lo oscurito,  movimientos acomodaticios, embajadores demócratas interviniendo  y el sueño de tener un rey que se repetirá años después con Santa Ana y Maximiliano.

Como verán nunca se pensó en la gente y menos en dejar a Fernando VII, fueron las mismas circunstancias y un mucho con la ayuda de EU, lo que  encaminó a México por su arduo transitar que no terminaría con el final de esa lucha. Podríamos ponerle un colofón a esta gesta parafraseando aquellas palabras de un famoso tango diciendo: “que doscientos años no es nada”. 

TERCERA PARTE

4 - YA SOMOS INDEPENDIENTES ¿Y AHORA QUE?

Derrocado Agustín de Iturbide como efímero emperador de México, durante la revuelta encabezada por Antonio López de Santa Anna,  optó por refugiarse con su familia en Italia, dando paso a la reaparición del disuelto Congreso Constituyente, quienes a su vez  nombraran a Don Miguel Félix Fernández, Guadalupe Victoria, como Primer Presidente de la nueva República y a Nicolás Bravo como vicepresidente.

Durante su período de 1824 a 1829,  se reunió de nuevo el constituyente para en 1824 retomar y actualizara los artículos de la Constitución de Apatzingán, con la influencia de los yorkinos norteamericanos,   se oficializó la celebración del el Grito de Independencia los días 16 de septiembre en honor a Miguel Hidalgo, también se abolió la esclavitud como soñaba Morelos y  se logró el reconocimiento del nuevo gobierno en el exterior, en especial por Estados Unidos.

Pero las logias Yorkina y Escocesa continuaron enfrentadas jugando un papel determinante en los acontecimientos por venir, los yorkinos se consideraban la cuna de los liberales y los escoceses eran los conservadores. Los primeros abogaban por una República federal y los otros deseaban conservar el centralismo al estilo del Virreinato.

En 1829 al término del gobierno de Guadalupe Victoria que duró solo 5 años, fue elegido Vicente Guerrero, líder de los yorkinos, como nuevo Presidente de México; pero su gobierno sería combatido y derrocado por los conservadores de Anastasio Bustamante.

Vicente Guerrero continuó luchando en el sur, hasta que finalmente resulto prisionero en Acapulco, llevado a Oaxaca y juzgado en Cuilapán, donde lo fusilaron el 14 de febrero de 1831, para después ser nombrado Benemérito de la Patria.

Los presidentes posteriores a 1829 debieron acudir  en forma constante a préstamos internos y externos,  cuanto más difícil se encontraba la situación financiera del país, más exigentes se tornaban los prestamistas.  Como no había dinero, ni solvencia, muchos agiotistas se cobraban del ingreso de las aduanas y los impuestos debían negociarse desde antes de cobrarlos, utilizando bonos y otras transacciones.

Anastasio Bustamante apoyado por el antiguo insurgente Nicolás Bravo y Lucas Alamán  gobernó en forma interina entre 1829 a 1833, a su caída le siguió Manuel Gómez Pedraza, quien fuera el verdadero presidente electo en 1829, pero no pudo ejercer debido a las presiones de Bustamante y sus aliados conservadores.  

Al término de su corto período y de acuerdo al pacto realizado con Antonio López de Santa Anna para derrocar a Bustamante, este subió al poder  y gobernó  México en diez ocasiones, siendo uno de los personajes más controvertidos de nuestra historia.

La lucha entre liberales y conservadores se hizo eterna y permitió a Santa Anna ir y venir al poder, en alguna de sus ausencias gobernó el país Valentín Gómez Farías, quien trató imponer de nuevo las reformas liberales de la Constitución de 1824.  Pero Santa Anna regresó de nuevo, lo derrocó y durante varios años lucho con éxito contra los levantamientos liberales.

Apoyados por Estados Unidos, los texanos deseaban independizarse de México, liderados por el General Stephen Austin. Fue así como tomaron varias plazas en 1838, obligando a Santa Anna a enfrentarlos al comando de un gran ejercito, pero no debemos olvidar que él había sido apoyado por EU para derrocar a Iturbide y ahora al parecer se enfrentaba a sus viejos mecenas.

Llegó y obtuvo una rápida victoria contra un puñado de texanos en el fuerte del Alamo, pero luego se relajo, quizás se fue a jugar y apostar como era su pasión, para luego a dormir con placidez.  Poco después Sam Houston lo derrotó en San Jacinto de manera humillante, obligándolo a declarar la independencia de Texas y además le hicieron prometer que nunca más cruzaría la frontera del Río Bravo.

Liberado por los texanos fue destituido como presidente de México, sin embargo, los comerciantes franceses de pasteles exigían una compensación por los daños causados a sus negocios, esto los aprovechó  Santa Anna para reunir un nuevo ejército para combatir a la flota francesas en Veracruz en la lucha llamada Guerra de los Pasteles, allí perdió una pierna, realizando una gran ceremonia para exaltar a su extremidad perdida.

Con su histrionismo natural logró que el pueblo lo aclamara como  salvador  pese a sus constantes fracasos y fue nombrando Héroe de la Patria,  permitiéndole gobernar el país entre 1839, 1841 y 1844.

En 1843 se ausentó por un tiempo dejando como interino a Valentín Canalizo,    ese año Texas se había anexado a Estados Unidos y Santa Ana debió retirarse de la vida pública tratando de evitar el descredito,  para ello decidió irse por un tiempo a Cuba.   En octubre nombró a Valentín  Canalizo como presidente interino y en diciembre,  el Secretario de Hacienda Manuel Baranda fue designado como Conciliario Perpetuo de la Academia de San Carlos.

A partir de 1843 la Academia de San Carlos inició una nueva era, debido sobre todo al éxito económico de su administración. Tal bonanza le permitió invitar a los artistas más connotados de la época,  entre ellos los afamados catalanes Pelegrin Clave y Manuel Vilar, quienes llegaron a México en 1846. Mas adelante llegaría el famoso pintor Eugenio Landesio y el arquitecto Xavier Cavaliari. 

Los Estados Unidos  no le quitaban la vista al resto de los territorios que deseaban comprar desde Joel Poinsset y decidieron que era el momento preciso para invadirnos.  De manera muy sospechosa, su antiguo aliado  Santa Anna apareció de nuevo en la escena; en julio de 1844 regresó a México,  Valentín Canalizo le cedió la presidencia y a cambio fue enviado al frente de los ejércitos del norte.   

Santa Anna parecía estar de acuerdo con los norteamericanos, pues se permitió el lujo de boicotear todos los esfuerzos de las tropas defensoras.  En La Angostura se retiró dejando el paso al General Taylor. En el sitio de Churubusco,  les envió material de guerra equivocado pues correspondía a las armas invasoras, esto ocasionó la derrota del General Anaya y a la pregunta de los yanquis “donde está el parque”, él contestó: “si hubiera ese parque no estaría usted aquí”, aunque es muy probable que los yanquis se referían al material enviado por Santa Anna para sus armas.

Finalmente en 1847 mediante los Tratados de Guadalupe Hidalgo, México perdió California, Nuevo México, Arizona, Nevada y Colorado, todo por una ganga de 15 millones de pesos. A raíz de la muerte de su esposa, Santa Anna pidió licencia y se exilió a Colombia, Herrera quedó como presidente, en tanto llegaba Canalizo del norte.

Por esos tiempos Bustamante acusaba a Baranda de ser instigador de los libelos  anónimos que decían: “Mientras haya Congreso no podrá haber progreso”.  Todo con el fin de destituirlos y nombrar de nuevo a Santa Anna como presidente, los rumores decían que utilizaban el dinero de  San Carlos para imprimir esos panfletos.

La Academia de San Carlos prestaba dinero al gobierno, junto a otros agiotistas de la época, incluso para las necesidades más apremiantes del gobierno.  El Ministro de Justicia Bernardo Couto, envió un oficio solicitando que “se haga un préstamo para pagar los sueldos de los magistrados de la Suprema Corte, quienes no tienen para comer, ni para zapatos”.

La Academia le respondió accedería a la ayuda de emergencia, proporcionándoles $3911, pero debían devolverlo en cuatro meses, recordándoles además un préstamo de 70 mil pesos que nunca se reintegró.

Couto le hizo ver a la Academia “que si bien era cierta la preocupación del gobierno por el adelanto de las artes, también lo era  el decoro de la nación que sufría, pues los magistrados no podían administrar justicia, porque no comen ni tienen para zapatos”.    

Entonces el señor Santa Anna regresó de nuevo a México haciéndose nombrar ahora Su Alteza Serenísima, lo declararon dictador vitalicio y omnipotente, para imponer además toda serie de impuestos donde se gravaban hasta los perros y las ventanas,

Durante ese período las rifas y los juegos proliferaron,  el mismo presidente era un adicto a las francachelas, las mujeres,  las apuestas, las rifas y los palenques, incluso se comentaba en los corrillos que esa fue la razón de sus derrotas y asi gastó el dinero que ganó con los norteamericanos.

Podemos decir con cierta vergüenza que se trataba del modelo que aun admiramos los mexicanos, algo digno de llamarlo Don, porque aun a sabiendas de sus oscuras costumbres, su poder y cinismo resultan también la base de su carisma y respeto. 

Sobra decir que promulgó al Estado de Aguascalientes por el beso de una dama y por si algo faltara cito a un concurso para instaurar un Himno Nacional donde se exaltara su figura.   

Para ello contrató al español Jaime Nunó, quien se encargaba de musicalizar sus bandas de guerra, para realizar la música. Celebrando un concurso para la letra que ganó el poeta potosino Francisco González Bocanegra, quien nunca recibió pago alguno y murió de fiebre tifoidea poco después.

Por fin en 1855 fue derrocado por Juan Alvarez y de nuevo se exilió en Colombia, desde entonces realizaría varios intentos por regresar, incluso apoyó a Maximiliano y le solicitó formar parte de su corte, pero éste no lo admitió.

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 LA REFORMA

En 1857 Ignacio Comonfort fue nombrado presidente sustituto, pero de nuevo lo atacó el síndrome Santa Anna, al decidir la disolución del Congreso y autonombrarse absolutista, esto causo su derrocamiento casi inmediato.    

Benito Juárez fue el primer presidente indígena de México, además de ser un liberal muy al estilo yorkino,  lo defendió en múltiples ocasiones sin rendirse, incluso en los momentos tal vez más difíciles de nuestra historia.

Benito Juárez estudió Jurisprudencia en el Instituto de Ciencias y Artes,  pero también fue pizcador, trabajó en las comunidades indígenas, después sería regidor, diputado y más tarde ascendió a gobernador del estado de Oaxaca en 1847.

Con Santa Anna en el poder lo desterraron  junto a otros liberales, vivió por un tiempo de forma precaria en la ciudad de Nueva Orleans hasta la proclamación del Plan de Ayala, cuando Juan Alvarez lo  nombró  Ministro de Justicia e instrucción Pública en 1855.

Fue Secretario de Gobernación y Presidente de la Suprema Corte, pero en 1857 cuando Comonfort desconoció  la Constitución a través del Plan de Tacubaya lo encarceló.   Juárez seria declarado por ley Presidente de México a la caída de Comonfort,  al ser Presidente de la Suprema Corte, además de contar con el apoyo de los liberales.

Resulta muy difícil separar a Benito Juárez del icono a quien todos conocemos, porque sin duda se trataba de un personaje porfiado, ético y muy apegado a sus ideas.  Las defendió a capa y espada, sin rendirse, aun en los momentos más ingratos como sus exilios, encarcelamientos, hasta las batallas que habría de librar contra la gran potencia francesa.

Un momento culminante de su carrera política fue la promulgación de las Leyes de Reforma, apoyado por una serie de intelectuales brillantes de su época como Melchor Ocampo y Miguel Lerdo de Tejada. Estas leyes resultaban radicales para su momento, en especial por el desafuero de los privilegios del clero y las bases para constituir un Estado laico.

Promulgó la nacionalización de los bienes del clero, la creación del registro y los matrimonios civiles, la libertad de cultos y educación, la secularización de los cementerios.

La Guerra de Reforma se inició mediante el Plan de Tacubaya en diciembre de 1857, los conservadores de Ignacio Comonfort y Felix Zuluaga obligarían al traslado del gobierno juarista a Veracruz, en tanto los conservadores se aposentaban en la ciudad de México; incluso Juárez salió hasta Panamá y regresó después a Veracruz. 

En 1861, después de tres años de luchas, con el triunfo de los liberales, Juárez se instaló de nuevo en la capital de México y continuó profundizando en las Leyes de Reforma, determinando lo correspondiente a los hospitales, la beneficencia pública y la extinción de las comunidades religiosas.

El 1 de mayo de 1861 Benito Juárez prohibió las apuestas, las rifas y los juegos conducidos por entidades privadas y la Iglesia, elevando a rango constitucional a la Lotería Nacional, como única institución capacitada para realizar rifas, con excepción de la que se llevo a cabo para financiar la construcción del ferrocarril México – Toluca.

Siguiendo con la tradición, los conservadores no estaban satisfechos ni aceptaban las innovaciones republicanas, tampoco a la presidencia juarista, promoviendo una nueva  lucha para derrocarlo. 

Aprovechando la deuda externa de México y la precaria economía heredada por las Guerras de Reforma, a partir de diciembre de 1861 se iniciaron los  desembarcos de los ejércitos europeos para exigirle cuentas a México.

Primero fueron los españoles, después los franceses e ingleses, quienes llegaron a juntar una fuerza con más de 10 mil hombres para reclamarle al gobierno liberal viejas deudas. Mediante arduas negociaciones, se firmaron los Tratados de la Soledad y el gobierno de México logró la retirada de los españoles e ingleses.

Napoleón III aprovechó la oportunidad para establecer un Imperio en México, EU se encontraba inmerso en una guerra civil, por tanto los republicanos yorkinos no podrían apoyar a Juárez. La acción punitiva era fomentada de manera total  por el Vaticano, ofendido por las Leyes de Reforma, pues en la encíclica Quanta Cura condenaba a los Estados que osaran tocar sus bienes.

En 1862 el potente ejército francés al mando del Conde de Lorences se enfrentó a un puñado de mexicanos, cuya única defensa surgía del Ejército de Oriente. Fue con ese impulso como el general Ignacio Zaragoza los derrotó el 5 de mayo en la famosa batalla de Puebla, haciendo de Napoleón III el hazmerreir en Europa y provocando el envió de más de 25 mil efectivos para invadir nuestro país.

Los franceses se instalaron en Puebla después de una heroica resistencia, obligando a Benito Juárez  y su gabinete a tomar la decisión de abandonar de nuevo la capital e iniciar otro gobierno itinerante.  El 31 de mayo de 1863 ante millares de personas que lo aclamaban,  Juárez inició la caravana que lo llevaría con su gobierno a ser peregrino por todo el norte del país,

Los franceses entraron sin resistencia a la capital imponiendo  al nuevo gobierno imperial,  esta vez  bajo el mando de Maximiliano de Habsburgo, un noble austriaco  protegido de Napoleón III, quien aceptó esa aventura que terminaría en tragedia. 

Maximiliano invitó a Benito Juárez para participar en su imperio, pero este  contestó  al nuevo emperador:  “que no era más que un títere de Napoleón III, un fallo tremendo de la historia  y con el tiempo ambos serían juzgados por esa historia. Porque no hay peor perversidad que atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes y atentar contra la vida de quienes defienden su nación”.

Maximiliano y su esposa Carlota se aposentaron en nuestro país por varios años, gozando de los esplendores  del Castillo de Chapultepec. Durante su estancia le cambio de nombre a la Academia de San Carlos por Academia Imperial de Bellas Artes, donde se acuñaban las monedas con su rostro. 

Pero las expectativas hacia el nuevo emperador poco a poco fueron palideciendo, para muchos de sus seguidores se comportaba como un liberal, era además indolente y poco afecto a tomar decisiones, el mismo clero le reprochaba no echar abajo las Leyes de Reforma.  

Además, las guerrillas juaristas nunca cesaron, a pesar de las ofensivas francesas y el afán del emperador por pacificar el país, de nuevo surgían. Terminada su guerra civil,  la afrenta a México fue tomada como pretexto para armar en la frontera un ejército nortamericano con más de 100 mil hombres en apoyo a Juárez. 

Finalmente, las presiones y su pérdida de poder en Francia y Europa llevaron a Napoleón III a retirar una buena parte de su ejército. Carlota desesperada viajó hacia Europa para solicitar audiencia  Napoleón III y al Papa Pio IX,  tratando de proteger su imperio. En tanto, Maximiliano agotado por tantos problemas, decidió irse a descansar a Cuernavaca.

La historia nos cuenta como Carlota perdió la razón y  Maximiliano pensó por entonces en abdicar,  pero las manifestaciones conservadoras a su favor lo hicieron entrar en duda.  La Iglesia le ofrecía armar un ejército con más de 30 mil hombres, además de  poner 11 millones de pesos a su disposición.

El emperador continuaba con sus dudas, partió hacia Orizaba donde permanecieron las indecisiones. Por un lado estaba la idea de regresar a Europa, pero su misma madre le dijo haría el ridículo; por el otro, debía enfrentar a Juárez, para lo cual se sentía incapaz; por eso mejor se dedico a estudiar la naturaleza y las mariposas que eran su pasión, en tanto Miramón resultaba vencido por los juaristas.

Al final, tomó la decisión de enfrentar a Juárez pero cayó derrotado en Querétaro, Leonardo Marquez  lo traicionó abandonándolo y fue tomado prisionero para después ser juzgado en el Teatro Nacional de Querétaro. Lo condenaron a muerte contra todas las protestas y suplicas de Europa y de su esposa Carlota,  a quienes Juárez contestó que por encima de todo estaba la ley; su aventura finalizó junto a la de Miramón y Mejía, cuándo los tres resultaron fusilados en el Cerro de las Campanas.    

Y en efecto, la historia los juzgo,  Maximiliano continua siendo un icono para la nostalgia, sobre todo entre aquellos quienes siguen soñando con los grandes salones de Europa y tener un emperador, una quimera  alentada  por  Iturbide, Santa Anna y pocos años después por Porfirio Díaz.

Algunos lo consideran además un gran liberal y hasta ecologista, añorando su México imperial y todavía dicen ver  al fantasma de la emperatriz Carlota paseándose por los corredores del Castillo de Chapultepec.

En tanto Benito Juárez  como defensor de México, fue nombrado Benemérito de las Américas y será por siempre recordado, entre otras cosas,  por su frase: “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”.

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 EL PORFIRIATO

 En el año 1867, después de tantos años de lucha Benito Juárez se preparaba para su nuevo regreso a México,  Antonio López de Santa Ana también intentaba  otra aventura para su entrada triunfante  por enésima vez.  Apoyado por  un buen número de adeptos conservadores en Veracruz y Jalapa,  el antiguo dictador soñaba con restablecer su gobierno, en esta ocasión  como el nuevo emperador del Tercer Imperio Mexicano.

Para llevar a cabo sus ambiciones, alquiló un buque y se dispuso desembarcar en Veracruz, pues de acuerdo a la correspondencia de sus seguidores se enfrentaría a un gobierno débil, agotado por la guerra y las deudas, por tanto sería muy fácil derrotarlos.

A su desembarco fue recibido con todo tipo de honores por los veracruzanos, sin embargo el presidente Johnson de Estados Unidos había recibido las noticias y decidió apoyar a Juárez.  Bastó un cañonero norteamericano para que Santa Ana huyera, porque fiel a su costumbre lo tomaron por sorpresa, decidiendo refugiarse en Cuba.

Los últimos reductos imperiales al mando de Leonardo Márquez,  fueron derrotados por el Coronel Porfirio Díaz bajo las órdenes del presidente Juárez, consolidándose por fin  su gobierno. Cuentan que pidió un aumento  de sueldo par los militares y se emociono tanto que lloró ante los diputados, ganándose el apodo del “llorón”- 

Juárez se propuso para Presidente de la República, Díaz compitió con él y perdió, se retiró entonces a su hacienda en Oaxaca, donde esperó su siguiente oportunidad, esta llegó y de nuevo perdió con Juárez, se rebeló entonces contra el Presidente en el Plan de la Noria y fue derrotado

En 1871 Juárez afrontó su último período como Presidente, una vez más logró su objetivo de reelegirse, pero tal vez cansado por tantas luchas, su corazón no pudo más y murió  el 11 de julio de 1872.  

Por ley ascendió a la presidencia Sebastián Lerdo de Tejada para terminar el período, trató de reelegirse en 1875 y logró el apoyo del Congreso, pero Porfirio Díaz se rebeló de nuevo mediante el Plan de Tuxtepec, denuevo lo derrotaron en Icamole y lloró, entonces le dijeron”el llorón de Icamole, pero por fin alcanzó la presidencia después de varias batallas.

Lo primero que hizo Díaz fue congraciarse con los Estados Unidos, donde lo veían con cierto recelo, después de su frase “pobre México, Tan lejos de Dios y tan cerca de EU”. Logro su cometido prometiendo un nuevo modelo económico para México, donde la inversión extranjera norteamericana jugara un papel determinante.

Apoyado entonces por EU,  quizás un poco tardío y utilizando la opresión militar, Díaz intento establecer un proyecto de “capitalismo tropicalizado”, basando  la modernización del país con el apoyo de empresarios norteamericanos y fomentando de nuevo las grandes haciendas, como medio para la exportación de materias primas.

Durante los varios períodos que gobernó el país, extendió las vías férreas copiando el modelo del vecino país del norte,  creando así una base de empresarios para la concentración del poder económico.

Desarrollaron además el modelo de explotación campesina a través de las haciendas y establecieron un cerco militar sin miramientos, es muy famosa  la frase de Díaz: “mátalos en caliente” ordenada a Mier y Terán, para reprimir cualquier oposición.

Entre 1880 a 1884 Porfirio Díaz cedió el gobierno a su compadre Manuel González, quien había perdido un brazo e la batalla, este continuó consolidando las políticas, pero el mismo Díaz le hacía criticas, “para evitar que le gustara el poder”.  Después  Don Porfirio de nuevo se eligió presidente y se convirtió en dictador, moviendo a su antojo al Congreso, definiendo compromisos y dadivas, realizando fraudes y construyendo una pirámide de poder donde él fungía como gran padrino.

Buena parte de su imagen la centró en una Paz Social, ofreciendo su modelo liberal y militar, donde se respetaban las Leyes de Reforma, lo que lo mostraba cómo un liberal, además de modernizador de México.

Entre la empresas que fomentaron podemos citar a la Compañía Internacional de Mejoras, bajo su tutela se iniciaron los trabajos para construir el Hospital Castañeda,  en 1901 se importó el primer transporte eléctrico y asimismo participaron en la remodelación del Paseo de la Reforma para celebrar las fiestas del centenario de la Independencia.

Al iniciar el nuevo siglo la inversión extranjera se había apoderado de la agricultura, la minería, la industria, la banca, el comercio y las comunicaciones.  En 1900 se habían alcanzado 14 573 km. de vías férreas, transportando más de 30 millones de pasajeros,  con más de 5 mil toneladas de carga y la red telegráfica alcanzaba ya los 45 mil kilómetros

Gran parte de los capitales pertenecían a Estados Unidos, sin embargo los privilegios de Díaz comenzaron a mirar hacia Europa, con especial actitud hacia Francia y Alemania que lo subyugaban  por su cultura refinada, con eso logró el recelo de nuestros vecinos y apoyaron las primeras protestas públicas contra su régimen.

En la cultura y la educación se había creado una clase privilegiada conocida con el nombre de los Científicos,  procurando acceder a lo último de la cultura europea fundaron nuevos institutos, asociaciones científicas y fomentaban la música al estilo europeo en los grandes salones de corte imperial. Entre estos se hallaba Justo Sierra, quien como Secretario de Educación fundó la Universidad de México en 1910.

La familia Díaz participaba como centro de la sociedad, era esposo de Doña Carmen Romero Rubio, quien lo refinó, convirtiéndolo en un “hombre de sociedad”, aunque se dice que nunca dejó a su primer amor Juana Catalina, a quien solía visitar en Tehuantepec.  Pero ahora se juntaba con sus hijos de uniones anteriores, Porfirio, hijo de su amor con su sobrina Delfina, que murió en 1879, Amada, hija de una soldadera y esposa de Ignacio de la Torre y Mier.

En una fiesta de homosexuales, fueron atrapados por una redada, detuvieron a 41, pero Nachito, como le decía Don Porfirio, pudo escapar y de ahí surgió la historia del número 41 para los homosexuales.  

Durante el gobierno de Porfirio Díaz las rifas  jugaban un papel determinante en las rentas del gobierno, les llamaban para la Beneficencia Pública. Con sus recursos se crearon obras de importancia como el Hospital General, el Manicomio de la Castañeda y se fabricó el Kiosko Morisco que representaría a México en la Feria Mundial de San Luis Missouri en 1904.

A su regreso el Kiosko Morisco fue instalado en la Alameda de la Ciudad de México, donde celebraban las rifas hasta 1908,  lo trasladaron  después al parque de Santa María la Ribera donde hoy permanece.

1910 daba a Don Porfirio la oportunidad para celebrar con todo tipo de pompa el Centenario de la Independencia, para ello en toda la República se realizaron fiestas solemnes y exaltaciones patrióticas durante todo el mes de septiembre.

Los festejos iniciaron con la inauguración del Hospital de la Castañeda, realizado por el Ing. Porfirio Díaz hijo e Ignacio de la Barra.  Hubo desfiles de carros alegóricos, recepciones, exposiciones y regalos de varios países como la estatua del Barón de Humbolt por los alemanes, la primera piedra de la estatua de Isabel la Católica de la colonia española,  la de George Washington por los norteamericanos.

Millares de mexicanos presenciaron el desfile donde se representaron las diversas etapas de nuestra historia y culminaron con un gran paseo de antorchas.  Se inauguró la Escuela Nacional Preparatoria de la Universidad de México, la iluminación de Chapultepec y como platillo especial la Columna de la Independencia, conocida hoy como “El Angel”,  donde reposarían los restos de los principales héroes del movimiento centenario.

Pero no todo era felicidad para su régimen ya viejo y decadente, la misma modernización tan proclamada había quedado atrás. El siglo inició con diversas protestas campesinas que fueron aplastadas sin piedad, siguieron después las inconformidades obreras y alcanzaron a las clases medias, surgiendo una serie de críticos, quienes darían forma al movimiento revolucionario.

Entre ellos destacaron los hermanos oaxaqueños Flores Magón, precursores de los movimientos obreros y fundadores del periódico Regeneración, Allí escribían sus expresiones un buen número de plumas intelectuales opositoras al régimen.

Imbuidos por estas ideas nació el PLM, Partido Liberal Mexicano, que jugaría un papel decisivo en la Huelga de la mina Cananea en 1906, liderada por Juan José Ríos, Manuel Diéguez y Esteban Baca Calderón. El movimiento fue atacado primero por los Rangers americanos, después sería reprimido por el ejército mexicano y sus líderes encarcelados.

En diciembre de 1906 se levantaron en huelga los obreros textiles de Puebla y Tlaxcala, pidiendo mejores condiciones de trabajo. Los empresarios reclamaron al régimen, exigiéndole la inmediata represión de los huelguistas. El 7 de enero de 1907 entraron las tropas federales desatando una gran matanza en la fábrica textil de Río Blanco, cientos de obreros fueron masacrados y los testigos contaban como durante varios días los vagones de ferrocarril se llevaron sus cuerpos.

Pero el PML continuó sus luchas, estallaban revueltas lo mismo en Acayucan, Minatitlán y Puerto México en Veracruz, que en Camargo y Ciudad Juárez en Chihuahua. Los hermanos Flores Magón fueron radicalizando sus propuestas,  en 1909 publicarían una serie de manifiestos invitando al pueblo de México a la rebelión y en 1911 Regeneración propuso la guerra total bajo el titulo “Tierra y Libertad”, frase que sería el ideal de Emiliano Zapata en el Plan de Ayala.

Llegó la nueva elección y las preferencias se dividían entre el general Bernardo Reyes y el científico Yves Limantour, pero Díaz optó por reelegirse, esto despertó la ira en muchos, entre ellos Francisco I. Madero, quien había competido y no aceptaba su derrota, entonces Díaz ordenó detenerlo y enviarlo a cárcel en San Luís Potosí

 

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 CENTENARIO DE LA REVOLUCION 2

 SUFRAGIO EFECTIVO NO REELECCION

Uno de los benefactores del PLM de Flores Magón, quien además apoyaba con recursos al periódico Regeneración, fue Francisco I. Madero. Sin embargo, surgieron diferencias con los Flores Magón por radical y decidió tomar su propio camino en la lucha para derrocar a Díaz.

Hombre de dinero, Madero había estudiado en diversas instituciones del extranjero como Maryland y Berkeley, era aficionado a las ciencias ocultas y gustaba de practicarlas en largas sesiones espiritistas, muy de moda en esa época. En una de estas sesiones su hermano muerto le vislumbró la caída de Don Porfirio, la posibilidad de erigirse Presidente de México y su propia muerte.

Con su hermano Gustavo A. Madero en 1909 decidió enfrentarse al aparato gubernamental de Don Porfirio, lanzándose como candidato a la presidencia de la República.  Para lograr sus fines crearon el Partido Anti reeleccionista, el Partido Nacional  Progresista, la revista Nueva Era y con el apoyo en Estados Unidos  lograron reunir los fondos necesarios para la campaña de Francisco I. Madero, bajo el lema “Sufragio Efectivo, no Reelección”, creado por José Vasconcelos.

Pero en las elecciones de 1910 de nuevo declararon ganador a Porfirio Díaz, desatando la persecución a su rival, quien había alcanzado elevados niveles de popularidad, provocando incluso que muchos lo declararan el verdadero ganador de los comicios y acusaron a Díaz de fraude electoral. Debemos también tomar en cuenta que las relaciones entre Estados Unidos y México se habían enfriado, porque Porfirio coqueteaba en forma descarada con Europa, por tanto desde su Embajada se fraguaba ya su caída.

El gobierno encarceló a Madero en San Luis Potosí bajo los cargos de ultraje y conato a la rebelión, pero gracias al apoyo de sus seguidores norteamericanos logró escapar  hacia Texas.  El 5 de octubre de 1910 emitió en Texas el famoso Plan de San Luis, donde desconocía los resultados electorales y convocaba a un movimiento armado, proponiendo como fecha para el levantamiento el 20 de noviembre de 1910.

Dos días antes en Puebla la policía allanó la casa de Aquiles Serdán, a quien asesinaron con su hermano delante de su familia, haciendo prisioneras a su madre y su hermana Carmen Serdán, quien firmaba sus escritos bajo el nombre de Marcos Serrano y luego participaría en la lucha como enfermera.

El 20 de noviembre inició el levantamiento y la  respuesta no se hizo esperar, de inmediato surgieron guerrillas en el norte y el sur de México, ya sin el apoyo de EU en 1911 Porfirio Díaz se encontraba aislado y débil, dándose cuenta que no le quedaba más remedio que huir del país. Así lo hizo, como un ciudadano común se embarcó en el buque Ipiranga rumbo a su admirada Francia,  donde pasaría su vejez  y sus restos permanecen enterrados; según relató Alejo Carpentier, en un enorme palacio la pasaba acostado en una hamaca, recordando aquellos tiempos cuando fue dueño absoluto de México.

 El 1 de octubre de 1911 Francisco I. Medero resultó electo como  el nuevo Presidente de la República y tomó posesión el 6 de noviembre. Sin embargo,  nada cambió, como sucediera 90 años después a Vicente Fox, las promesas quedaron olvidadas y todo continuó igual, también dejó a un lado a muchos de sus seguidores, ratificando en una buena parte al gabinete de Don Porfirio.

Madero decidió además perseguir a los agraristas de Emiliano Zapata, se identificó más con las elites porfiristas, era un conservador adinerado y eso lo aisló de las bases y el pueblo, entre los que tantas expectativas había levantado. 

Molesto, Emiliano Zapata proclamó el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911, exigiendo la restauración de los derechos campesinos olvidados por Madero y desconociendo además a su gobierno. En marzo  le siguió Pascual Orozco con el Plan de los Empacadores;  Madero decidió entonces aplastarlos y para ello nombro a quien consideraba su mejor hombre, el general Victoriano Huerta.

Huerta derrotó a Orozco haciéndose el incondicional de Madero, luego sofocó en Veracruz la rebelión de Félix Díaz, sobrino de Don Porfirio, a quien Madero decidió perdonar, desatando con esta acción su propia desgracia. 

El 9 de febrero de 1913 Félix Díaz con Manuel Mondragón liberaron al favorito de Don Porfirio,  Bernardo Reyes,  atacando el Palacio Nacional y refugiándose después en La Ciudadela, en la lucha murió Reyes y el Secretario de Guerra General Villar fue herido, lo que dio lugar al nombramiento de Huerta como nuevo Secretario de Guerra.

Victoriano Huerta, un oscuro general, quien gustaba en demasía del vino y la marihuana, para el que las tropas revolucionarias dedicaron la canción La Cucaracha, se alió al verdadero titiritero, el embajador Lane Wilson de los Estados Unidos y  a Félix Díaz, firmando con ellos un armisticio el 17 de febrero de 1913.  Su primera víctima fue Gustavo Madero, a quien torturaron y vejaron, antes de matarlo en la Ciudadela por las tropas de Félix Díaz.

El 18 de febrero los empresarios liderados por el yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier, se declararon leales a Huerta y el 19 de febrero Madero y el Vicepresidente Pino Suarez fueron obligados a renunciar. Se declaro  como  Presidente a Pedro Lascurain, pero este de inmediato renunció a favor del general Victoriano Huerta.

El 22 de febrero de 1913,  junto al Palacio de Lecumberri, Francisco I. Madero, promotor de la no reelección, héroe de la caída de Porfirio Díaz y mártir por su propia ingenuidad, sería pasado por las armas junto al Vicepresidente José María Pino Suarez, culminando así la Decena Trágica que hundió al país por más de 10 años en otra nueva lucha por el poder.

Victoriano Huerta Ortega nacido en  Colotlán Jalisco, es sin duda uno de los grandes malosos y traidores de México, elevado como incondicional por su jefe Francisco I. Madero, se alió a sus enemigos,  pactó a sus espaldas, lo asesinó y luego confirmó su ambición convirtiéndose en Presidente de México entre 1913 a 1914.

Como Madero aun confiaba en él, le hizo creer que lo detenía para su protección, lo asesinó y luego justificó su muerte con la versión de la ley fuga, asegurando que habían caído durante un enfrentamiento a fuego cruzado.

 

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LA REVOLUCION

Una vez en el poder, Victoriano Huerta se fue deshaciendo de sus cómplices, entre ellos al mismo Félix Díaz, disolvió el Congreso y asesinó a los diputados Rendón, Domínguez y Gurrón.   Apoyado por los empresarios y las clases medias de la capital, Huerta decidió convertirse en el nuevo dictador, para ello instauró su régimen militar, decidido a matar a todo aquel quien osara oponerse.

Pero Victoriano Huerta no estaba preparado para ostentar tal poder, su alianza con los militares y su afición a la bebida lo llevaron a ser impredecible, obstinado en sus ideas de declararle la guerra a todo aquel que no lo siguiera,  cometió así una serie de errores tácticos y estratégicos que culminaron con el incendio del país, millares de muertos y su propia desgracia.

Quizás uno de sus peores traspiés  fue darle la espalda a Estados Unidos, la nación que lo había apoyado sin reservas para la toma del poder, primero alentó a los ingleses para obtener recursos petroleros y más tarde se alió a los alemanes en su lucha contra nuestros vecinos.  

En el norte de país, los norteamericanos de nuevo ayudaron para que se gestara  otro gran movimiento armado, entonces apoyaron  al líder de Chihuahua el General Venustiano Carranza, al que de inmediato se aliaron los alzados, distinguiéndose entre ellos al General Francisco Villa, uno de los dos máximos héroes que tanto identificamos con la Revolución.

Nacido en 1878, los antecedentes del general Villa resultan extraños, llamado por nacimiento Doroteo Arango, se dice que era un bandolero y debió cambiar de nombre al que habría de darle lustro eterno;  en su carrera como guerrillero Villa se enfrentó al mismo EU, donde osó incluso invadir Columbus en 1916.

Como estratega, Francisco Villa armó la División del Norte, conocida también como Los Centauros de Villa, con sus hazañas, este grupo de jinetes implacables fue aglomerando un enorme ejército, para ello asaltaban haciendas, pueblos y tomaban los ferrocarriles, a través de los cuales se movían con millares de revolucionarios.

 En 1910 fue declarado como proscrito y se refugió en la sierra,   entonces decidió unirse al movimiento de Francisco I. Madero en Chihuahua, acompañado por otro legendario personaje llamado Abraham González.

Durante esta campaña Villa obtuvo diversa y decisivas victorias, destacando la toma de Ciudad Juárez con Pascual Orozco, donde derrotaron a Juan N. Navarro. Siempre fiel a Madero, Villa luchó al lado de Victoriano Huerta contra el mismo Pascual Orozco, sin embargo Huerta lo envidiaba y como solía hacer con quienes le estorbaban, lo traicionó, encarcelándolo en la prisión de Tlatelolco, México.

En 1912, ayudado por Madero logró escapar de la prisión y se refugió en El Paso Texas, poco después al enterarse de la muerte de su benefactor, decidió alzarse en armas contra el usurpador  y enemigo Huerta; apoyó entonces al movimiento de Venustiano Carranza, quien tampoco lo quería mucho pero debió sumarlo a sus tropas. 

Cuenta la leyenda que Villa regresó del Paso con sólo 9 hombres, iniciando el gran camino que lo llevaría a reagrupar a la poderosa División del Norte.       A finales de 1913 fue nombrado por poco tiempo Gobernador de Chihuahua, donde generó sus propios billetes, abarato los precios de las materias primas, asumiendo el control de los ferrocarriles y el telégrafo.

El 23 de junio de 1814 con la División del Norte, organizó la famosa toma de Zacatecas, una de las batallas decisivas contra el odiado Victoriano Huerta. Todo esto  le generaba más celos y discrepancias con Venustiano Carranza, quien además lo despreciaba por su fama de bandido; sin embargo, por las mismas circunstancias decidieron firmar un pacto de unidad el 8 de julio de 1914.

Aprovechando esas desavenencias, Victoriano Huerta recibió el apoyo de los alemanes para regresar a México, a cambio de ello declararía la guerra a Estados Unidos.  Se embarcó en Cádiz rumbo a Nueva York, pero fue detenido junto a Pascual Orozco  en Newman, Nuevo México. Orozco escapó y Huerta fue encarcelado en Fort Bliss, donde falleció de cirrosis hepática en 1916.

EL CAUDILLO DEL SUR

En San Miguel Anenecuilco, Morelos, nació Emiliano Zapata, campesino de cuna humilde, fue peón, aparcero y caballerango del yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier, con quien fundamentó su desprecio al régimen y su decisión de luchar contra ellos hasta la muerte.

En 1909 en Morelos comenzó su presión por defender las tierras comunales, siendo designado jefe de la Junta de Ayala decidió repartir las tierras entre los campesinos, iniciando así el levantamiento contra el gobernador de Morelos, al mando de un puñado de hombres. Durante los dos años siguientes promovió  guerrillas en el sur de México y alianzas con los seguidores de Madero, uniéndose en 1911 al Plan de San Luis.

Pero al ascenso de Madero a la presidencia, Zapata le exigió cumpliera sus promesas de repartir las tierras entre los campesinos, cosa que el nuevo presidente rechazó de inmediato, haciéndolo ver incluso como su peor enemigo. Zapata había aceptado el desarme de su gente   a petición Madero, con la esperanza que este cumpliera al ver su disposición de apoyarlo, sin embargo nada valió para la decisión de Madero para hacerlo de lado.

Ante el fracaso de sus platicas y viendo que Madero se había aliado a sus antiguos enemigos, promoviendo la protección a los terratenientes, Emiliano Zapata decidió de nuevo armar a los campesinos. En noviembre de 1911 promulgó el Plan de Ayala, bajo la consigna  “Tierra y Libertad” de Flores Magón, en el Plan desconocía a Madero y afirmaba que “la tierra es de quien la trabaja”, dictaminando la expropiación de las tierras y las aguas a favor de los indígenas y campesinos.

Madero envió a su favorito Huerta para combatirlo, pero Zapata supo defenderse y prolongar su lucha hasta la caída de Madero. Entonces rechazó la petición del nuevo presidente para unirse y prefirió formar parte del ejército constitucionalista de Venustiano Carranza, siendo nombrado como Jefe de la Revolución en el Sur.

En 1914 Zapata dirigiendo un ejército de más 30 mil hombres tomó Chilpancingo y poco después Cuernavaca,  sus gentes encabezadas por el brillante Soto y Gama formaron parte de la Convención de Aguascalientes, donde debido a sus constantes desavenencias decidieron desconocer como líder a Venustiano Carranza, reconociendo a Eulalio Gutiérrez  y a Francisco Villa, para terminar de una vez por todas con Victoriano Huerta.

A la caída del dictador Huerta y su huida a Europa, primero a Londres y luego a España, los ejércitos de Villa y Zapata entraron a la capital. La toma fue pacífica, contrario a lo que se promulgaba entre las clases medias, aterradas por las hordas zapatistas a quien la prensa norteamericana llamaba “El Atila de Sur”.  El 4 de diciembre Villa y Zapata se reunieron y aceptaron el Plan de Ayala, salvo  el desconocimiento a Madero, al cual Villa nunca dejó de ser fiel.     

Villa y Zapata estaban de pronto frente a una silla presidencial vacía, pero tal vez el respeto mutuo les impidió proponerse para llenarla, resulta difícil saber que pensaban y cuales hubieran sido las consecuencias de que alguno fuera el nuevo Presidente. Allí estaban juntos los máximos héroes de la Revolución, pero como sucedió cien años antes con los insurgentes, decidieron abandonar la plaza y eso fue de nuevo su gran error.

Venustiano Carranza se instaló entonces en la capital, lo primero que hizo fue dictar órdenes contra Zapata y Villa, enviando a los generales Obregón y Pablo González para combatirlos.  Francisco Villa quien en una ocasión había perdonado al general Alvaro Obregón, sufrió una serie de derrotas, siendo la decisiva en la batalla por Celaya, donde Obregón perdió un brazo y se gano el apodo del “manco de Celaya”. 

La División de Norte debió retirarse y luego con el apoyo de Estados Unidos, los carrancístas derrotaron a Villa en Chihuahua y Sonora. El 9 de marzo de 1916 Villa decidió atacar Columbus Nuevo México, dando ocasión en nuestra historia para que un ejército mexicano invadiera Estados Unidos. Como represalia, enviaron a 10 mil hombres bajo el mando del General Pershing, quienes reconocían sin reservas al régimen de Carranza y declaraban como enemigo de Estados Unidos al General Villa.

Zapata continuó su lucha en el sur, expidiendo leyes de protección para los campesinos, reabriendo escuelas rurales y promoviendo guerrillas que tomaban por algunos días las poblaciones, incluso Cuernavaca, pero fue perdiendo su fuerza y para 1918 era solo un insurgente local.

El 10 de abril de 1919 Pablo Gonzales urdió su famosas traición con  el General Guajardo, éste invitó al Caudillo del Sur para que celebraran una reunión en Chinameca, Morelos.  Allí sufrió una emboscada y fue masacrado sin piedad, murió así el General Emiliano Zapata,  cuya frase “es preferible morir de pie que vivir de rodillas” sería inspiración para los republicanos españoles y para muchos otros revolucionarios en el mundo.

Hasta hoy, Zapata perdura entre los campesinos como un símbolo de libertad, cuyos sueños nunca cumplidos han inspirado a cientos de mexicanos y como dice su corrido: “Campanas de Villa Ayala porque tocan tan dolientes, es que ya murió Zapata y era Zapata un valiente”.

 

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